Las diez fracturas que, según Stephen Walt, han debilitado a Estados Unidos bajo Trump

Pedro Luis Martín Olivares – A mitad de su segundo mandato, Donald Trump es para Stephen M. Walt “uno de los presidentes más influyentes de la historia de Estados Unidos”, pero en el peor sentido posible.

En un ensayo publicado el 17 de agosto en Foreign Policy, el académico de Harvard y especialista en relaciones internacionales sostiene que la promesa de “Make America Great Again” ha derivado en un país más débil, más dividido y menos confiable. Su análisis no se limita a una queja partidista: desglosa diez frentes concretos en los que, a su juicio, la administración Trump ha erosionado capacidades estratégicas, institucionales y morales. A continuación, un análisis punto por punto de ese decálogo.

1. Destrucción de la confianza en las promesas de Estados Unidos. 

El primer daño que identifica Walt es la credibilidad. En política internacional, la confianza no es un valor abstracto: si los aliados y adversarios dudan de que Washington cumplirá sus compromisos, la cooperación se encarece y la disuasión pierde fuerza. Trump, escribe el autor, ha demostrado a lo largo de su carrera empresarial y política que sus amenazas suelen ser “fanfarronería vacía” y que sus promesas “no significan nada”. Los ejemplos son contundentes: rompió el acuerdo nuclear con Irán, que en su momento era funcional, ahora condena el tratado comercial que él mismo negoció con Canadá y México y que calificó como “el mejor acuerdo de la historia”, aplica aranceles de forma intermitente, amenaza con retirar apoyo a aliados clave y revirtió sin explicación su oferta de permitir a Ucrania construir interceptores Patriot.

Esa imprevisibilidad tiene consecuencias reales. Walt señala que la reputación de doblez de Trump es una de las razones por las que le resulta tan difícil poner fin a la guerra con Irán: los líderes iraníes no creen en su palabra y exigen concesiones concretas antes de ceder. Mientras tanto, más países buscan socios más confiables. La credibilidad, dice Walt, a veces se exagera, pero sin ella el liderazgo estadounidense se vuelve más costoso y menos efectivo.

2. Reducción de la capacidad militar de Estados Unidos

El segundo punto es paradójico: pese a un gasto militar sin precedentes y a la retórica de “letalidad”, Walt sostiene que Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, han debilitado a las fuerzas armadas. La guerra iniciada contra Irán ha quemado arsenales críticos, ha mantenido a buques, escuadrones y personal desplegados durante meses y ha provocado, según reportes citados por el autor, una ola de intentos de suicidio. Esa sobreexigencia ha mostrado a los adversarios las vulnerabilidades estadounidenses y ha erosionado la moral de las tropas.

Pero el daño más profundo es la politización. Hegseth ha purgado a oficiales considerados “woke”, ha frenado ascensos de mujeres y minorías pese a sus hojas de servicio sobresalientes y ha intentado imponer una conformidad ideológica en las academias militares. Walt recuerda el argumento clásico de Samuel Huntington en The Soldier and the State: la profesionalidad militar, basada en el deber, el honor y la patria, mantiene a las fuerzas armadas por encima de la lucha partidista. Si Trump lograra convertir al ejército en un instrumento del movimiento MAGA, advierte, se volvería una fuerza de combate menos eficaz y un peligro para la democracia.

3. Desmantelamiento de la capacidad diplomática

En tercer lugar, Walt apunta al vaciamiento del Departamento de Estado. Marco Rubio ha acumulado títulos, Secretario de Estado, asesor de seguridad nacional, jefe interino de los Archivos Nacionales, pero ha estado “en gran medida marginado” de los grandes temas: la guerra con Irán, Ucrania y otras crisis. Mientras tanto, su gestión ha retirado a Estados Unidos de más de 60 organizaciones internacionales, ha cerrado consulados y ha dejado decenas de embajadas sin titular.

El resultado es desolador. Una encuesta de la Asociación Estadounidense del Servicio Exterior citada por el autor revela que el 98 % de los diplomáticos reporta baja moral y el 86 % afirma que estas medidas afectan su capacidad para trabajar. El título del informe lo resume: las instituciones diplomáticas están “al borde del quiebre”. Para compensar, Trump recurre a enviados especiales como Steve Witkoff, Jared Kushner o el vicepresidente J.D. Vance, a quienes Walt describe como “diplomáticos aficionados” sin la competencia necesaria. Reconstruir esa capacidad diplomática, concluye, podría llevar décadas.

4. Debilitamiento de la preeminencia científica

El cuarto frente es el retroceso en ciencia y tecnología, un pilar histórico del poder estadounidense. Trump ha recortado fondos federales para investigación, ha atacado a universidades con pretextos espurios, ha nombrado a figuras como Robert F. Kennedy Jr., un escéptico de la ciencia, para dirigir Salud, ha amplificado afirmaciones falsas y ha alentado la creencia de que la ignorancia es preferible al conocimiento.

Las consecuencias ya se miden. Según el Instituto Estadounidense de Física, los doctores en física están abandonando Estados Unidos al ritmo más alto en 30 años, casi el doble que hace un año. Esa fuga de cerebros, advierte Walt, hará al país menos innovador, menos productivo y menos seguro, y cederá el liderazgo científico a China, que entiende perfectamente la importancia de este campo para el poder futuro.

5. Perder la transición verde

Estrechamente ligado al anterior, pero con entidad propia, está el rechazo de Trump a la lucha contra el cambio climático. Su negacionismo, su oposición a las energías renovables y su apuesta por los combustibles fósiles son, para Walt, una “locura”. No solo agravarán los problemas climáticos, las muertes y el sufrimiento humano, sino que garantizarán que China domine las tecnologías verdes del futuro: solar, eólica, baterías. Mientras tanto, Estados Unidos se aferra a las tecnologías de chimenea del siglo XIX.

Salvo que la fusión nuclear se vuelva comercialmente viable en el corto plazo, escribe Walt, la política climática de Trump dejará a Estados Unidos “más débil, más pobre y más caliente”. Es un error estratégico de primera magnitud, porque la transición energética no es solo ambiental: es la base de la próxima revolución industrial.

6. Erosión del estado de derecho

El sexto punto es la degradación de la justicia. Trump ha mostrado un desprecio bien documentado por las leyes y ha usado el sistema legal para perseguir a quienes han tenido la mala fortuna de ganarse su ira. La confirmación de Todd Blanche, su abogado personal, como fiscal general es solo el último paso de esa campaña. A ello se suma una Corte Suprema ideológicamente alineada que, salvo contadas excepciones, ha bendecido y ampliado sus acciones.

¿Por qué importa esto? Porque la confianza en la integridad del sistema judicial tranquiliza a inversionistas y socios extranjeros. Si las leyes se interpretan de manera arbitraria o políticamente motivada, el riesgo de hacer negocios aumenta. Estados Unidos, dice Walt, ha desperdiciado una de las características que lo hacía un socio especialmente atractivo. No se trata de que el país se convierta en un caso extremo, sino de que renuncia a una ventaja comparativa construida durante siglos.

7. Amenaza a la integridad electoral

La democracia depende de elecciones libres y justas, y de que los ciudadanos crean que los resultados reflejan los votos emitidos. Trump, desde el principio, ha sembrado dudas sobre el sistema electoral, empezando por su infundada afirmación de que ganó las elecciones de 2020. Para Walt, el ejemplo más claro de fraude electoral real fue el propio intento de Trump de revertir su derrota: alentar a una turba a asaltar el Congreso, presionar a funcionarios estatales para que “encontraran” más votos y pedir a Mike Pence que violara su juramento y se negara a certificar los resultados.

El peligro es que la erosión de la confianza pública lleve a los perdedores a rechazar lo que la mayoría ha decidido, a creer en teorías conspirativas y a profundizar la división. Nada es más corrosivo para el patriotismo y la unidad cívica que la creencia de que las elecciones están constantemente amañadas. Y eso, sostiene Walt, es exactamente lo que Trump y sus seguidores han estado haciendo.

8. Abandono de los frenos y contrapesos

El crecimiento del poder ejecutivo no empezó con Trump, y algunos factores, la pasividad del Congreso y una Corte Suprema favorable a la teoría del ejecutivo unitario, ya existían antes de 2024. Pero Walt sostiene que la disposición de Trump a pisotear los frenos y contrapesos de la Constitución no tiene precedentes en la historia estadounidense.

Reducir la independencia percibida de la Reserva Federal, por ejemplo, pone nerviosos a los inversionistas extranjeros. Eliminar los controles sobre la acción presidencial aumenta la preocupación de otros países sobre la fiabilidad y previsibilidad de Washington. Y cuando un presidente puede hacer lo que quiera sin rendir cuentas al Congreso ni al público, el resultado son debacles como la actual guerra con Irán. “A menos que estés convencido de que Trump es un agente infalible de la providencia divina, escribe Walt, este asalto al orden constitucional debería preocuparte. Y mucho.”

9. Abandono del discurso civil

El noveno punto es quizá el más visible en la vida cotidiana: la degradación del debate público. Trump, más que nadie, es responsable de la vulgarización de la política estadounidense. Miente sin pudor, insulta, usa retórica violenta y retrata a sus oponentes como criminales o traidores. Su desprecio por la mitad de los ciudadanos es evidente. Y sus seguidores, desde el vicepresidente Vance hacia abajo, han adoptado las mismas tácticas.

Esa dinámica convierte debates complejos en peleas de patio de escuela. El resultado es más polarización, parálisis legislativa y decisiones estúpidas. Walt no oculta su ironía: “Nuestros enemigos deben estar encantados viendo al presidente y al vicepresidente de Estados Unidos haciendo su trabajo por ellos.”

10. Destrucción del poder blando

El décimo punto es la suma de todos los anteriores. El poder blando, la capacidad de influir por atracción y ejemplo, no por coerción, se ha derrumbado en tiempo real. Aunque Trump es popular entre algunos políticos afines, sobre todo en América Latina, la imagen global de Estados Unidos ha caído de manera notable. Su sistema democrático ya no inspira admiración, su infraestructura deprime a los visitantes extranjeros, sus políticas predatorias han alienado a países que antes eran profundamente proestadounidenses, como Canadá y Dinamarca.

Lo peor, para Walt, es que la toma de decisiones errática y la dependencia de lacayos no calificados han erosionado el aura de competencia que sostiene la influencia duradera. “Cuando Estados Unidos es solo un poco más respetado que Corea del Norte, Afganistán, Irán o Israel, sabes que algo ha salido terriblemente mal”, escribe.

Conclusión: una promesa convertida en estafa

Walt concede que el segundo mandato de Trump no es un fracaso total. Ha ayudado a elegir a políticos afines en países pequeños, ha extraído concesiones económicas de algunos socios y hasta logró asistir a una cumbre de la OTAN sin provocar un incidente diplomático mayor. Incluso consiguió que la FIFA revocara una sanción a un jugador estadounidense durante el Mundial, aunque el equipo perdió su siguiente partido.

Pero su principal logro, sentencia el académico, ha sido enriquecerse a sí mismo y a su círculo. Su familia será más rica cuando termine el mandato, pero el país será “más débil, más enfermo y más enojado”. La conclusión es demoledora: “Make America Great Again” fue siempre una estafa. El análisis de Walt no es neutral, pero su valor radica en ordenar una crítica dispersa en un inventario de daños concretos y en plantear una pregunta incómoda: ¿cuántos de estos retrocesos serán reversibles? La credibilidad, las instituciones y el capital humano tardan décadas en reconstruirse, y el verdadero costo del trumpismo podría medirse, no en los titulares de este año, sino en la capacidad de Estados Unidos para recuperar su lugar en el mundo cuando el mandato termine.

 

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Pedro Luis Martín Olivares

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