Pedro Luis Martín Olivares – La extracción de Nicolás Maduro en enero de 2026 fue vendida como el «momento de la victoria», pero la resaca política ha llegado antes de lo esperado.
El esquema de tutelaje impuesto sobre Delcy Rodríguez, quien hoy funge como una suerte de administradora interina bajo el ala del Departamento de Estado, se enfrenta a una tríada de obstáculos que amenazan con convertir la «operación libertad» en un pantano jurídico y legislativo para la Casa Blanca.
La noticia del día no viene de Caracas, sino del 1 de First St. NE en Washington. La Corte Suprema, en una decisión que ha sacudido los cimientos de la política exterior de Trump, ha invalidado la imposición unilateral de aranceles bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA).
¿Por qué esto es vital para Venezuela? Porque el «tutelaje» de Delcy Rodríguez depende enteramente de la capacidad de Trump de manejar los activos venezolanos mediante decretos ejecutivos. Al fallar la Corte que el Presidente no puede usurpar las funciones fiscales y regulatorias del Congreso bajo el pretexto de una «emergencia nacional», se abre la puerta para que los acreedores de PDVSA y la propia oposición demócrata bloqueen el uso discrecional de los recursos venezolanos.
Si Trump no puede imponer un arancel sin el visto bueno del Legislativo, mucho menos podrá financiar una administración paralela en Venezuela sin que cada dólar sea auditado por un Congreso hostil.
Es imperativo recordar lo sucedido con la Resolución de Poderes de Guerra a inicios de año. Si bien la votación inicial de 52-47 pareció una victoria para los demócratas y los republicanos institucionalistas que buscaban frenar una intervención militar directa, la realidad política fue más cínica. Trump logró «derrotar» el efecto práctico de esa votación no mediante el consenso, sino mediante el uso de la delimitación presupuestaria técnica. Los republicanos bloquearon la continuación de la medida, argumentando prioridades legislativas, dejando la resolución en un punto muerto.
Sin embargo, esa victoria fue pírrica. La oposición demócrata ha aprendido la lección: si no pueden detener al Presidente en el campo de batalla, lo detendrán en la oficina de contabilidad. El control demócrata sobre comités clave en la Cámara baja significa que cualquier plan de «Tres Fases» para Venezuela (Estabilización, Reconstrucción y Elecciones) carece de una línea de crédito real. Delcy Rodríguez está sentada sobre un barril de pólvora económica que Trump no puede llenar sin negociar con sus enemigos políticos internos.
La administración Trump ha diseñado un plan de tres etapas que parece más un manual de gestión corporativa que una estrategia diplomática. Fase de Pacificación Operativa: Mantener a la estructura militar chavista bajo el mando de Rodríguez, evitando una guerra civil que dispare el precio del petróleo. Fase de Reingeniería Energética: La entrega de campos maduros a consorcios estadounidenses para pagar la deuda externa y Fase de Transición Controlada: Unas elecciones donde el «chavismo sin Maduro» compita frente a una oposición tutelada.
El problema es que Delcy Rodríguez no es una aliada, es una sobreviviente. Su capacidad de maniobra está limitada por las facciones del chavismo que no entienden o no aceptan la “real politic” y obstruyen la agenda unilateral de Washington, poniendo en peligro la estrategia de supervivencia circunstancial del chavismo. Si Rodríguez cede demasiado en la Fase 2 (energía), corre riesgos internos pero si cede poco, Trump la descartará. Pero con el reciente fallo de la Corte Suprema, el «descarte» de Rodríguez se vuelve complicado para Trump: no tiene el marco legal para imponer una autoridad alternativa sin pasar por un proceso de reconocimiento que el Congreso podría bloquear.
Basándonos en la resistencia judicial y la fragmentación legislativa, los escenarios para el resto de 2026 podrían ser los siguientes.
El Escenario del «Estancamiento Funcional» (Probabilidad: 55%). Estados Unidos mantiene el reconocimiento a Rodríguez como mal menor. Las petroleras operan en zonas seguras, pero el país no se recupera. El Congreso bloquea fondos para la reconstrucción, y Venezuela se convierte en un protectorado de bajo costo, pero alta inestabilidad. Trump utiliza el tema para su retórica interna, culpando a los demócratas de «no permitirle terminar el trabajo».
El Escenario de la Invalidez Ejecutiva (Probabilidad: 30%). Siguiendo el precedente de los aranceles, una serie de demandas judiciales bloquean la capacidad de la Casa Blanca para disponer del petróleo venezolano. Delcy Rodríguez, al ver que Trump no puede cumplir sus promesas de financiamiento y levantamiento total de sanciones debido a las cortes, pasa a la ofensiva y busca soluciones en aliados internacionales de Estados Unidos como la Unión Europea, rompiendo el tutelaje.
La Ruptura Total y el «Hard Power» (Probabilidad: 15%). Ante la imposibilidad de gobernar mediante decretos (por el fallo de la Corte) y la asfixia del Congreso, Trump decide saltarse la legalidad internacional y doméstica, provocando una crisis constitucional en Estados Unidos mientras intenta una intervención directa. Este escenario es el menos probable debido al riesgo electoral que implica para el Partido Republicano de cara a las legislativas.
A manera de conclusión, el caso Venezuela ya no se decide en las calles de Caracas, sino en los pasillos de Washington D.C. El tutelaje sobre Delcy Rodríguez es una estructura frágil sostenida por hilos legales que se están rompiendo. La decisión del pasado viernes de la Corte Suprema sobre los aranceles es el primer dominó en caer: le ha recordado al Ejecutivo que la política exterior no es un feudo personal.
Trump se enfrenta a una paradoja: para «salvar» a Venezuela bajo su modelo, debe destruir los contrapesos que definen a la propia democracia estadounidense. Y por ahora, los contrapesos están ganando el asalto.
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