Pedro Luis Martín Olivares – Por considerarlo altamente pertinente y oportuno se va a reproducir el análisis realizado por Francisco Márquez de la Rubia, Analista principal del IEEE, al documento firmado en noviembre por el presidente Donald Trump titulado La Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy), el cual fue presentado formalmente con la siguiente carta.
“Compatriotas estadounidenses:
En los últimos nueve meses, hemos rescatado a nuestra nación, y al mundo, del borde de la catástrofe y el desastre. Después de cuatro años de debilidad, extremismo y fracasos mortales, mi administración ha actuado con urgencia y velocidad histórica para restaurar la fuerza estadounidense tanto en el país como en el extranjero, y traer paz y estabilidad a nuestro mundo.
Ninguna administración en la historia ha logrado un cambio tan drástico en tan poco tiempo.
Desde mi primer día en el cargo, restauramos las fronteras soberanas de Estados Unidos y desplegamos el ejército estadounidense para detener la invasión de nuestro país. Sacamos la ideología de género radical y despertamos la locura de nuestras Fuerzas Armadas, y comenzamos a fortalecer nuestro ejército con una inversión de 1 trillón de dólares. Reconstruimos nuestras alianzas y conseguimos que nuestros aliados contribuyeran más a nuestra defensa común, incluyendo un compromiso histórico de los países de la OTAN de aumentar el gasto en defensa del 2% al 5% del PIB. Liberamos la producción energética estadounidense para reclamar nuestra independencia e impusimos aranceles históricos para traer industrias críticas de vuelta a casa.
En la Operación Martillo de Medianoche, destruimos la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán. Declaré a los cárteles de la droga y a las salvajes bandas extranjeras que operan en nuestra región como Organizaciones Terroristas Extranjeras. Y en el transcurso de tan solo ocho meses, resolvimos ocho conflictos enconados, incluidos los que se dieron entre Camboya y Tailandia, Kosovo y Serbia, la República Democrática del Congo y Ruanda, Pakistán e India, Israel e Irán, Egipto y Etiopía, Armenia y Azerbaiyán, y pusimos fin a la guerra en Gaza con todos los rehenes vivos devueltos a sus familias.
Estados Unidos es fuerte y respetado de nuevo y, gracias a eso, estamos haciendo la paz en todo el mundo.
En todo lo que hacemos, ponemos a Estados Unidos primero.
Lo que sigue es una Estrategia de Seguridad Nacional para describir y aprovechar los extraordinarios avances que hemos logrado. Este documento es una hoja de ruta para garantizar que Estados Unidos siga siendo la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad y el hogar de la libertad en la Tierra. En los próximos años, continuaremos desarrollando cada dimensión de nuestra fortaleza nacional y haremos que Estados Unidos sea más seguro, más rico, más libre, más grande y más poderoso que nunca.
Donald Trump”
Después de esta carta viene un documento de 29 páginas, cuyo contenido fue analizado objetivamente por Márquez de la Rubia y apegado al texto original, veamos su opinión.
La publicación de la National Security Strategy (ESN) de 2025 por la Administración estadounidense supone un punto de inflexión en la doctrina estratégica de EE. UU. El documento representa una ruptura explícita con el enfoque globalista, intervencionista teóricamente respetuoso con el orden internacional basado en reglas que regía el mundo desde comienzos de los años noventa. La nueva estrategia redefine tanto los intereses vitales estadounidenses como los medios para garantizar su seguridad, introduciendo un marco conceptual que combina realismo geopolítico, soberanía nacional, competitividad económica y prioridades regionales selectivas. Se sostiene que las anteriores estrategias fracasaron porque eran meras ¨listas de deseos¨ wish lists, sin prioridades claras y basadas en planteamientos erróneos de partida. El objetivo esencial de esta nueva Estrategia es corregir estos errores para inaugurar una nueva “Edad de Oro¨ para el país.
Elementos esenciales de la Estrategia de Seguridad Nacional 2025
Marco conceptual y diagnóstico
La NSS-2025 parte de una autocrítica severa: las estrategias estadounidenses posteriores a la Guerra Fría habrían expandido artificialmente el concepto de “interés nacional”, diluyendo prioridades y conduciendo a intervenciones militares costosas y poco útiles. En oposición, la nueva doctrina establece un principio rector: solo los intereses vitales deben guiar la acción exterior, y estos intereses se definen en relación a:
Protección de la soberanía y fronteras.
Defensa de la población y la integridad territorial.
Seguridad económica, energética e industrial.
Preservación del modo de vida y la identidad cultural estadounidense.
La estrategia enuncia además la necesidad de reconstruir la base industrial, energética y tecnológica para sostener la superioridad militar y económica.
Enfoque regionala) Hemisferio Occidental
Vuelve la doctrina de las esferas de influencia. América es la prioridad estratégica absoluta. El documento introduce explícitamente un llamado ‘Trump Corollary’ a la Doctrina Monroe, según el cual es esencial:
Contener la influencia de potencias rivales (China, Rusia, Irán).
Controlar los flujos migratorios irregulares.
Proteger infraestructuras críticas y recursos estratégicos.
Se trata de un retorno claro a una hegemonía defensiva hemisférica por la que los EEUU no aceptará la influencia de otro hegemon que él mismo en su patio trasero. Y excluye explícitamente la posible presencia china, rusa o iraní.
b) Indo-Pacífico
La prioridad geopolítica externa más importante. Predominan variables geoeconómicas y de seguridad marítima: cadenas de suministro, minerales estratégicos, libertad de navegación y disuasión frente a China, especialmente en el estrecho de Taiwán. Es esencial mantener la posibilidad de suministros al Pacífico a partir de la ‘primera cadena de islas’.
c) Europa
La estrategia formula el objetivo europeo de manera muy distinta a la clásica retórica “transatlántica”: EE. UU. dice querer apoyar a sus aliados en preservar la libertad y la seguridad de Europa, al tiempo que restaura la confianza civilizacional europea y la identidad occidental. Pero ello lo hace desde el siguiente sorprendente diagnostico situacional
Diagnóstico económico: Europa continental ha pasado de un 25 % del PIB mundial en 1990 al14 % hoy. Y esto se atribuye a regulaciones nacionales y supranacionales que “sofocan” creatividad y esfuerzo económico. La hiperregulacion de la UE.
Diagnóstico de peligro para la civilización occidental: La ESN lo describe como “perspectiva de borrado civilizacional”: crítica frontal a la UE y a otros organismos transnacionales por erosionar libertad política y soberanía. Se vincula la decadencia con las políticas migratorias que “transforman el continente” y generan conflicto, la bajísima natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de autoestima colectiva y atacan con viveza lo que denominan ¨censura de la libertad de expresión y represión de la oposición.
La frase clave: si continúan las tendencias, el continente será “irreconocible” en unas dos décadas; se cuestiona incluso que algunos países sigan siendo aliados robustos.
En cuanto a Rusia y la guerra de Ucrania, reconocen que muchos europeos ven a Rusia como amenaza existencial, pero subrayan que Europa tiene superioridad material clara sobre Moscú (salvo en lo nuclear). Ante esto declaran como interés central de EE. UU. negociar un cese rápido de hostilidades en Ucrania para: estabilizar economías europeas, evitar escaladas no deseadas, restablecer estabilidad estratégica con Rusia y permitir la reconstrucción de Ucrania como Estado viable. En definitiva EEUU debe resolver con rapidez esta cuestión para centrar sus esfuerzos en el Indopacífico.
Europa por tanto es socio necesario, pero está en una peligrosa crisis interna que pone en riesgo su propia existencia. A pesar del diagnóstico sombrío, se insiste en que Europa sigue siendo estratégica y culturalmente vital: comercio transatlántico, industria, tecnología y cultura. Rechazan “dar por perdida” Europa: sería autoderrotarse, porque se necesita una Europa fuerte para competir globalmente.
Piden apoyar a “partidos patrióticos” y a fuerzas políticas que impulsen un renacimiento de orgullo nacional y espíritu europeo.
Al final del capítulo se fija una lista de prioridades para la política de EE. UU. hacia Europa: estabilidad con Rusia, Europa como conjunto de naciones soberanas que se defienden por sí mismas, apertura de mercados europeos a EE. UU., fortalecimiento de los países “sanos” de Europa central, oriental y meridional, y “poner fin a la percepción y a la realidad de la OTAN como alianza en expansión permanente”.
¿Qué significa este enfoque para el papel de Europa?
De “pilar del orden liberal” a “civilización en riesgo”
La ESN-2022 de Biden describía a Europa y la OTAN como núcleo del orden democrático, con una defensa explícita de la ampliación y del papel central de la UE y las instituciones multilaterales. La ESN-2025, en cambio:
Desconfía del “transnacionalismo” europeo (UE, CEDH, burocracias supranacionales) al que acusa de minar soberanía y libertades.
Ve a Europa menos como laboratorio de democracia liberal avanzada y más como frente de batalla demográfico-cultural: natalidad, inmigración, identidad, libertad de expresión.
Sitúa la cuestión civilizacional al mismo nivel que la estrictamente militar.
Es decir: Europa deja de ser sobre todo un “actor normativo” y pasa a ser una civilización aliada que hay que rescatar de su propia deriva.
Relación con la OTAN y la defensa europea
Hay dos mensajes muy claros:
Europa debe asumir la carga principal de su propia defensa con independencia del apoyo EEUU. La estrategia pide que Europa “se ponga en pie” como grupo de naciones soberanas alineadas, que asumen la responsabilidad primaria de su seguridad, sin ser dominadas por potencias adversarias.
Fin de la ampliación indefinida de la OTAN. Literalmente se propone “acabar con la percepción, y prevenir la realidad, de la OTAN como alianza en expansión perpetua”, lo que implica una ruptura con el ciclo de ampliaciones post-Guerra Fría y proyecta una señal clara y negativa hacia las aspiraciones de Ucrania y otros candidatos. Combinado con el contexto actual de la OTAN (5 % de PIB en defensa como objetivo 2035, dudas sobre la continuidad del compromiso estadounidense, presión sobre el “pilar europeo”), se proyecta una OTAN congelada y centrada en los europeos en cuanto al reparto de cargas.
Europa como “multiplicador” económico y tecnológico si rectifica rumbo
El texto subraya que Europa sigue siendo pieza central del comercio, la tecnología y la cultura occidentales y los EE. UU. quieren abrir más los mercados europeos a sus bienes y servicios, garantizando trato justo a trabajadores y empresas estadounidenses.
Para ello se propone “desarrollar las naciones sanas de Europa central, oriental y meridional” mediante vínculos económicos, ventas de armas, cooperación política e intercambios culturales y educativos.
Es decir, si Europa corrige su deriva (en términos de regulación, energía, migraciones, demografía y soberanía), puede convertirse en un multiplicador de poder occidental frente a China, Rusia y otros. Si no lo hace, se convierte en un socio debilitado que arrastraría a EE. UU. en costes y vulnerabilidades.
Rusia, Ucrania y la “estabilidad estratégica” en la visión 2025
El capítulo sobre Europa no plantea la victoria de Ucrania como prioridad absoluta, sino que aspira a un cese expedito de hostilidades, con tres objetivos: estabilizar la economía europea, reducir el riesgo de escalada y reestablecer estabilidad estratégica con Rusia.
Después de esto se abordaría la reconstrucción de Ucrania como Estado viable, pero sin atar esto explícitamente a su ingreso en OTAN/UE.
La Estrategia se emplaza a lograr una nueva redacción de la relación europeo-rusa en parámetros de equilibrio de poder clásico, más que de confrontación existencial. Esto es un giro claro respecto al lenguaje de 2022 (“Rusia como amenaza inmediata” y “apoyo a Ucrania el tiempo que sea necesario”) y confirma que para Washington, el principal riesgo no es ya Rusia, sino la combinación de una guerra prolongada con una Europa débil y necesitada de apoyo americano, desindustrializada y dividida.
La UE aparece más como problema que como solución. Su “transnacionalismo” se vincula a erosión de soberanía, exceso regulatorio, políticas migratorias descontroladas y censura.
La ESN-2025 quiere reformar o contener esas estructuras para que dejen de “drain sovereignty” y sirvan de verdad a intereses nacionales, empezando por los de EE. UU.
EE. UU. ya no se alinea de forma automática con las elites europeas pro-integración, sino que se declara simpatizante de “partidos patrióticos” y corrientes euroescépticas/nacional-conservadoras que reivindican su propia identidad y soberanía.
Dicho sin rodeos: el documento legitima políticamente a las fuerzas europeas que cuestionan la trayectoria actual de la UE.
La mención a “los países sanos de la Europa central, oriental y meridional” introduce a España, Italia, Grecia, Portugal, etc., en el grupo sobre el que EE. UU. quiere invertir capital político, económico y militar.
Adscripción teórica: ¿Qué doctrina geopolítica ampara la ESN-2025?
La estrategia se sitúa claramente fuera del liberal-internacionalismo tradicional y se alinea en una combinación de tres corrientes:
Realismo ofensivo / primacía selectiva:
Defensa de la superioridad militar y tecnológica.
Prioridad en impedir que potencias rivales dominen regiones clave.
Offshore Balancing adaptado
EE. UU. solo intervendría directamente cuando la correlación de fuerzas lo exigiera.
Delegación de seguridad en aliados (Europa, Japón) mientras se concentra en sus prioridades vitales.
Nacional-industrialismo estratégico:
Soberanía y poderío económico y tecnológico como núcleo del poder nacional.
Protección cultural e identitaria como elemento explícito de seguridad.
En términos doctrinales, la ESN-2025 representa la primera estrategia abiertamente realista y me atrevería a decir que supremacista civilizacional de EE. UU. desde principios de la Guerra Fría.
Análisis de la ESN 2025 desde el punto de vista de sus ENDS, MEANS y WAYS
La ESN 2025 redefine de manera profunda cómo Estados Unidos entiende su posición en el mundo y qué objetivos considera verdaderamente vitales. Sus ENDS, o fines estratégicos, ya no se articulan en torno al mantenimiento del orden liberal internacional, sino en torno a una reevaluación radical de los intereses reales del país. La prioridad absoluta pasa a ser la seguridad interna del homeland, entendida no solo en términos territoriales y económicos, sino también culturales e identitarios. Proteger las fronteras, frenar la inmigración irregular, asegurar la cohesión social y recuperar la autonomía energética e industrial se convierten en elementos centrales de lo que ahora constituye la razón de ser de la política exterior estadounidense. La seguridad nacional empieza en casa, y todo lo demás —incluidas alianzas y compromisos históricos— queda subordinado a esta premisa.
A partir de ese núcleo interior, el documento identifica otros dos fines esenciales. El primero es mantener la superioridad estratégica frente a China, considerada el competidor más relevante en términos económicos, tecnológicos y militares. A diferencia de aproximaciones previas, esta rivalidad no se presenta como un conflicto ideológico entre modelos políticos, sino como una lucha por el control de cadenas de suministro críticas, rutas marítimas, minerales estratégicos y superioridad industrial y militar. El Indo-Pacífico sigue siendo el teatro externo prioritario: allí se juegan la libertad de navegación, la resiliencia económica global y la capacidad de Washington para impedir que China imponga una hegemonía regional. El segundo fin estructural es la contención de las potencias revisionistas, especialmente Rusia, Irán y Corea del Norte. Pero esta contención se redefine: no se busca una victoria absoluta sobre Moscú ni prolongar indefinidamente la guerra de Ucrania, sino restaurar cuanto antes un equilibrio de poder estable que permita a Estados Unidos liberar recursos, reducir riesgos de escalada y evitar el colapso estratégico de una Europa debilitada.
Estos fines requieren MEANS profundamente distintos a los empleados en décadas anteriores. La ESN-2025 apuesta por un incremento sustancial del gasto en defensa, pero no para sostener guerras largas en varios continentes, sino para revitalizar la base industrial militar y garantizar capacidad de producción masiva en caso de conflicto mayor. Reaparece una visión nacional-industrialista del poder: Estados Unidos no puede depender de cadenas de suministro globales vulnerables, y por ello prioriza el desarrollo doméstico de semiconductores, energía, IA aplicada a defensa, municiones y capacidades navales. La tecnología adquiere un estatus estratégico central: no es solamente un multiplicador militar, sino un pilar de soberanía. Junto a esto, la estrategia adopta una diplomacia coercitiva y transaccional, en la que el apoyo estadounidense —militar, económico, político— se condiciona de forma explícita a las aportaciones concretas de socios y aliados. Desaparece la diplomacia basada en valores; emerge una diplomacia basada en la reciprocidad, la presión y el coste-beneficio. América Latina y Europa reciben este mensaje con especial claridad: quien quiera el apoyo de Washington debe alinearse con sus prioridades estratégicas, contribuir a su propia defensa y abrir espacios económicos que beneficien a la industria estadounidense.
Con estos medios, Estados Unidos pone en marcha una serie de WAYS, o modos de actuación, que marcan un giro doctrinal hacia un realismo clásico. En el plano militar, la disuasión vuelve a ser el mecanismo fundamental: se trata de elevar los costes de una acción enemiga hasta hacerla inasumible, especialmente en Taiwán y en la primera cadena de islas. La finalidad no es necesariamente derrotar a China en una guerra, sino impedir que ésta se atreva a iniciar una. En Europa, la estrategia abandona la retórica de confrontación total con Rusia. El modo preferente ya no es sostener una guerra prolongada a través de un flujo ilimitado de ayuda a Ucrania, sino congelar el conflicto en términos aceptables, estabilizar el frente y evitar una erosión geopolítica de Europa que distraiga a Estados Unidos de su verdadero teatro prioritario. Este enfoque se complementa con un esfuerzo sistemático para trasladar cargas a los aliados: la defensa de Europa debe recaer sobre Europa; la estabilidad del Mediterráneo, sobre europeos y socios regionales; el control migratorio, sobre actores del hemisferio occidental; y la preservación de la prosperidad global, sobre cadenas de suministro reconfiguradas en torno a socios “sanos”.
La competición con China es el modo que unifica todos estos movimientos. No se plantea como una cruzada ideológica, sino como una carrera por la supremacía económica, tecnológica y marítima. Para competir, Estados Unidos debe redirigir recursos, reducir compromisos en regiones secundarias y reconstruir su propio poder material. Para disuadir, debe reforzar alianzas en Asia mientras exige autonomía estratégica a Europa. Para contener a potencias revisionistas, debe evitar guerras interminables que consuman energía estratégica sin mejorar su posición relativa.
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