Políticas, Emociones, Mercados, Instituciones y pugnas en Estados Unidos y el mundo como contraparte

Pedro Luis Martín Olivares – Si bien es indudable que la agenda económica de Donald Trump es potencialmente estanflacionaria, Estados Unidos se encuentra en el centro de algunas de las innovaciones tecnológicas más importantes de la historia de la humanidad. Estas generarán beneficios que superan con creces los costos de políticas comerciales y de otros errores en política económica.

Desde el «Día de la Liberación» de Donald Trump, el 2 de abril, cuando anunció aranceles comerciales radicales tanto para países aliados como enemigos, la opinión generalizada sobre las perspectivas a corto y mediano plazo de la economía estadounidense ha sido pesimista. El aumento de los aranceles provocará una recesión en Estados Unidos y el mundo, el excepcionalísmo económico estadounidense ha terminado, los déficits fiscales y de cuenta corriente de Estados Unidos se volverán insostenibles, el estatus del dólar estadounidense como principal moneda de reserva mundial pronto terminará y el dólar se debilitará drásticamente con el tiempo.

Es importante precisar el término “excepcionalísmo económico estadounidense”. Se refiere a la creencia de que la economía de Estados Unidos es única y superior a la de otros países desarrollados, debido a factores como su tamaño, innovación, productividad, flexibilidad laboral y su papel como refugio seguro para el capital global. Esta idea a menudo se asocia con la idea más amplia del excepcionalísmo estadounidense, que sugiere que Estados Unidos es diferente y superior a otras naciones por razones históricas, ideológicas o religiosas. Los factores que sustentan esa visión son: Tamaño y liderazgo, la economía estadounidense es la más grande del mundo, lo que le otorga un peso significativo en la economía global. Innovación y tecnología, Estados Unidos ha sido históricamente un líder en innovación y desarrollo tecnológico, lo que le ha dado una ventaja competitiva. Productividad, se considera que la economía estadounidense es más productiva que otras economías desarrolladas, impulsada por la innovación y la flexibilidad laboral. Flexibilidad laboral, la capacidad de adaptarse rápidamente a los cambios económicos y tecnológicos se considera una fortaleza de la economía estadounidense. Mercado financiero líquido, los mercados financieros de Estados Unidos son profundos y líquidos, lo que facilita la inversión y el flujo de capital. Moneda de reserva, el dólar estadounidense es la principal moneda de reserva mundial, lo que le otorga a Estados Unidos una ventaja en el comercio internacional y las finanzas. Recuperación post-pandemia, la economía estadounidense ha mostrado una recuperación más rápida y robusta después de la pandemia de COVID-19 que otras economías desarrolladas.

Estos factores derivan en las siguientes implicaciones: El excepcionalísmo económico estadounidense puede tener implicaciones para la inversión global, ya que los inversores pueden percibir los activos estadounidenses como más seguros y rentables que los de otros países. Sin embargo, algunos críticos señalan que el excepcionalísmo económico estadounidense puede ser una percepción exagerada y que existen desafíos y desigualdades dentro de la economía estadounidense.

En resumen, el excepcionalísmo económico estadounidense es una idea compleja que se basa en la creencia de que la economía de Estados Unidos es única y superior, impulsada por factores como la innovación, la productividad y su papel como líder global, pero que también enfrenta desafíos y críticas.

Retomando el hilo del artículo, sin duda, algunas de las políticas anunciadas por Trump justifican tal pesimismo. Es probable que los aranceles, el proteccionismo y las guerras comerciales resulten estanflacionarios, causando mayor inflación y menor crecimiento, al igual que las restricciones draconianas a la migración, las deportaciones masivas de trabajadores indocumentados, los grandes déficits fiscales sin financiación y los intentos de interferir con la independencia de la Reserva Federal de Estados Unidos. De igual manera, la economía estadounidense no se beneficiaría de un Acuerdo de Mar-a-Lago que debilitara el dólar, un mayor daño al Estado de derecho tanto nacional como internacional, ni de restricciones más estrictas al talento extranjero, como científicos y estudiantes que llegan a Estados Unidos.

No obstante, existe una corriente académica con funcionarios en ejercicios de gobierno que han sostenido una línea argumentativa desde el invierno pasado, la cual afirma que economía estadounidense estará bien, no gracias a las políticas de Trump, sino a pesar de ellas. Para empezar, se esperaba que prevaleciera una combinación de disciplina de mercado, la sensatez de los asesores de Trump y la independencia de la Reserva Federal, y eso es lo que ha sucedido. Trump se ha acobardado constantemente y ha buscado acuerdos comerciales, en lugar de seguir adelante con sus aranceles del Día de la Liberación. La estrategia predeterminada de Trump puede ser «TALO» (Trump Siempre Arremete, traducido del inglés), pero los vigilantes de los bonos y los mercados financieros lo han empujado al modo TACO (Trump Siempre se Acobarda, traducido del inglés). A medida que sus políticas económicas más perjudiciales se suavizan, la economía estadounidense aún sufrirá algunas dificultades, pero el escenario probable para fin de año es una recesión del crecimiento, es decir, un crecimiento por debajo del potencial, no una recesión total, normalmente definida como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo.

Dado que los efectos positivos de la tecnología siempre superarán los efectos negativos de los aranceles, la era del excepcionalísmo económico estadounidense no ha terminado. Estados Unidos está por delante de todos, incluida China, en la mayoría de las innovaciones revolucionarias que definirán el futuro. En consecuencia, es probable que su crecimiento anual potencial aumente del 2% al 4% para finales de la década, antes de aumentar mucho más en la década de 2030. Supongamos que las nuevas tecnologías aumentan su crecimiento potencial en 200 puntos básicos, mientras que el comercio y otras políticas negativas lo reducen en 50 puntos básicos, Estados Unidos seguiría siendo excepcional. Es el singularmente dinámico sector privado de Estados Unidos, no las políticas de Trump, lo que determinará las perspectivas de crecimiento futuro.

Si el crecimiento potencial se acelera hacia el 4% con el tiempo, la deuda pública y externa de Estados Unidos como porcentaje del PIB resultará sostenible, estabilizándose y luego disminuyendo con el tiempo, a menos que haya una imprudencia fiscal aún mayor. Si bien la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta un aumento de la relación deuda pública/PIB, esto se debe a que asume que el crecimiento potencial de Estados Unidos alcanzará un máximo del 1,8%.

Ahora bien, mientras se mantenga el excepcionalísmo económico estadounidense, es improbable que se erosione el «privilegio exorbitante» que confiere la primacía global del dólar. A pesar del aumento de los aranceles, los déficits externos de Estados Unidos probablemente se mantendrán elevados, ya que la inversión como porcentaje del PIB aumentará gracias a un auge secular impulsado por la tecnología, mientras que la tasa de ahorro se mantiene relativamente estable. El consiguiente aumento del déficit por cuenta corriente se financiará con entradas de capital, tanto inversión de cartera como inversión extranjera directa. En este contexto, es poco probable que el papel del dólar como moneda de reserva global se vea significativamente cuestionado, incluso si se produce una modesta diversificación de los activos denominados en dólares. Asimismo, estas entradas estructurales limitarán los riesgos cambiarios a la baja e incluso podrían fortalecer el dólar a medio plazo.

En resumen, es probable que Estados Unidos tenga un buen desempeño durante el resto de esta década, no gracias a Trump, sino a pesar de él. No cabe duda de que muchas de sus políticas son potencialmente estanflacionarias. Pero Estados Unidos se encuentra en el centro de algunas de las innovaciones tecnológicas más importantes de la historia de la humanidad. Estas generarán un gran shock positivo de oferta agregada que impulsará el crecimiento y reducirá la inflación con el tiempo. Este efecto debería ser mucho mayor que el daño que pueden inducir las políticas estanflacionarias.

Por supuesto, no hay que ser complaciente con las políticas perjudiciales, su impacto negativo podría ser grave. Pero mientras los mercados y los vigilantes de los bonos hagan su trabajo, los peores impulsos de Trump se verán frenados.

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Pedro Luis Martín Olivares

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