La trampa de Thucydides, China y Estados Unidos

Pedro Luis Martín Olivares – Hoy les dejo a los lectores la tarea de investigar la llamada “Trampa de Tucídides”, teoría, acuñada por el autor Graham Allison, quien postula que el surgimiento de una potencia desafía a la hegemonía establecida, lo que a menudo conduce a un conflicto bélico. El titulo de su libro es “Destined for War”. Este tema cobra relevancia después de haber terminado la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La idea es esgrimir argumentos que sugieran que Estados Unidos y China tienen potencial para gestionar, si no escapar completamente, salidas a la Trampa de Tucídides. La naturaleza única del sistema internacional contemporáneo y las dinámicas específicas de la relación sino-estadounidense ofrecen razones para un escenario matizado.

A diferencia de las dinámicas históricas, casos Esparta y Atenas o Estados Unidos y la Unión Soviética, la relación sino-estadounidense se caracteriza por una interdependencia económica profundamente arraigada. Este fenómeno actúa como un poderoso disuasivo contra un conflicto abierto.

Otro atenuante es el “Coste de Oportunidad”, una desacoplación total o un conflicto armado tendría un coste económico devastador para ambas partes, afectando cadenas globales de valor, mercados financieros y estabilidad macroeconómica global. Esto se conceptualiza como una forma de «Destrucción Mutuamente Asegurada» en el ámbito económico.

También se presenta la instrumentalización de la Interdependencia, ambos Estados utilizan la interdependencia como herramienta de poder («economic statecraft»). Las sanciones, aranceles y controles a la exportación de tecnología son formas de competencia dentro del marco de la interdependencia, no una ruptura total de la misma. Esta competencia gestionada canaliza fricciones de manera que evita la escalada hacia el conflicto militar.

La naturaleza del poder y la competencia en el Siglo XXI es otro factor para considerar. La rivalidad contemporánea se despliega en dominios que no son exclusivamente militares, lo que diversifica los campos de contienda y reduce la probabilidad de un casus belli directo. Adicionalmente esta presente la “Competencia Multidominio”, ya que la rivalidad entre ambas potencias se ejerce en los ámbitos tecnológico (IA, semiconductores), económico, diplomático y de normas internacionales (gobernanza de internet, estándares ambientales). Esta difusión de la competencia permite que ambos actores midan su poder y ganen influencia sin recurrir necesariamente a la fuerza.

Uno de los elementos clave en economía son los Bienes Públicos Globales (BPG) y la Cooperación Forzosa. Existen desafíos existenciales transversales que requieren cierta cooperación mínima entre ambas potencias. El cambio climático, la estabilidad financiera global y la prevención de pandemias actúan como incentivos estructurales para la cooperación issue-specific. Esta cooperación funcional crea canales de comunicación y mecanismos que mitigan la desconfianza.

El sistema internacional actual, a diferencia de los sistemas históricos de equilibrio de poder, está parcialmente institucionalizado, mediante foros multilaterales como válvulas de seguridad, Organizaciones como la ONU, el FMI, la OMC y el G20 proporcionan arenas de diplomacia continua y gestión de crisis. Aunque están tensionadas, estas plataformas facilitan la comunicación, establecen normas de conducta mínimas y ofrecen vías para desescalar tensiones, algo inexistente en la antigua Grecia.

Por otra parte, a pesar de sus diferencias, ambos actores están, en cierta medida, socializados en un lenguaje común de relaciones internacionales, como el derecho internacional y el concepto de soberanía, lo cual establece un piso normativo que dificulta la justificación de una guerra de agresión abierta.

Tanto Washington como Pekín parecen estar adoptando doctrinas que reconocen explícitamente los riesgos de la Trampa de Tucídides y buscan gestionarlos. La administración estadounidense ha articulado una estrategia de «competir intensamente» mientras se «gestionan los riesgos de conflicto». Esto implica establecer «límites o barreras» para evitar una escalada inadvertida. Por su parte, China aboga públicamente por una «nueva forma de relaciones entre grandes potencias», rechazando explícitamente la lógica de la Guerra Fría.

También la Disuasión Axiomática se encuentra presente, ambas potencias poseen arsenales nucleares de segunda capacidad de ataque. Esto establece el límite último e infranqueable para cualquier conflicto directo. La sombra nuclear hace que cualquier cálculo de guerra convencional sea radicalmente diferente al del pasado. Sumado a los factores sistémicos, como la atención divergente de las potencias, a diferencia de una rivalidad bipolar pura, ni Estados Unidos ni China pueden concentrar todos sus recursos en su competencia bilateral, ya que ambos poseen desafíos domésticos y de vecindario. Estados Unidos debe atender a aliados en Europa con el conflicto en Ucrania, y sus prioridades domésticas. China se enfrenta a desafíos demográficos, económicos internos y a la gestión de su periferia inmediata (ASEAN, India). Esta «atención divergente» actúa como un factor de contención, impidiendo una focalización exclusiva y agresiva en la rivalidad.

En síntesis, si bien la lógica de la Trampa de Tucídides es un poderoso marco analítico, su aplicación mecánica al caso sino-estadounidense ignora las variables intervinientes críticas del orden internacional del siglo XXI. La evasión del conflicto abierto no es inevitable, pero existe un sólido argumento politológico que sugiere que la combinación de interdependencia económica, competencia multidominio, marcos institucionales residuales, doctrinas explícitas de gestión de riesgos y la disuasión nuclear última, crean un complejo entramado de incentivos y constreñimientos que favorecen una prolongada era de rivalidad sistémica gestionada, o una «guerra fría limitada», sobre un conflicto armado directo.

La superación de la trampa no significará el fin de la competencia, sino su canalización a través de medios no militares, en un prolongado proceso de negociación sobre el futuro del orden internacional.

 

 

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Pedro Luis Martín Olivares

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