Pedro Luis Martín Olivares – La historia la escriben los ganadores y serán los herederos de Chávez quienes escriban sobre el primer medio siglo XXI de la historia de Venezuela. Hoy vivimos en caliente un eslabón triste de esa tormenta que, como tormenta, terminará con la calma.
Los malos de la historia de hoy son los Hitler, los traidores, los genocidas, los ladrones, son políticos que usaron la política como medio para enriquecerse familiarmente y basados en sus valores de apellidos narcisistas y en golpes de suerte, pasaron de derrotados políticamente a negociadores de las riquezas de Venezuela a cambio de prebendas de poder para seguir robando. Esas negociaciones están en pleno desarrollo, cierran los ojos y sueñan con ver la bandera de Venezuela arriada para transformarla en la estrella 51 de la bandera de los Estados Unidos.
Como dice el dicho, de aquellos polvos vienen estos lodos, vale recordar que María Corina Machado es hija de Henrique Machado Zuloaga, quien hizo su fortuna de manera extractiva con las conexiones que tenía con el Ministerio de Fomento de la época, creando una empresa siderúrgica que transformó con influencias ilegales en un monopolio privado, creando un cartel de precios para competir únicamente con Sidor y así amasar una inmensa fortuna, que ya hoy mermada aspira la familia Machado recuperar con María Corina desde Miraflores. Ella conjuntamente con Leopoldo López, Julio Borges, Juan Guaido y Antonio Ledezma, dirigieron y financiaron durante años cientos de dirigentes de oposición para hacer gestiones formales y lobbies ante organismos y actores políticos internacionales con miras a crear una matriz de opinión que produjera una invasión internacional contra el gobierno de Venezuela, experimentando en una primera etapa con sanciones económicas contra el pueblo de Venezuela con la intención de lanzarlo en protestas para tumbar el gobierno.
El capítulo de esta película de traición a la patria que están viendo sentados en primera fila María Corina Machado y su banda de cobardes los mantiene en suspenso pensando en el momento en que un general de los Estados Unidos les entregue el poder en Miraflores, así serán de estúpidos y alejados de toda realidad. Veamos la amenaza y luego algunas interrogantes que echan por tierra cualquier probabilidad de ocurrencia de esa fantasía sostenida por 26 años infructuosamente.
La presencia de unidades navales de guerra de los Estados Unidos, equipadas con tecnologías de última generación, incluyendo un submarino nuclear y desplegadas estratégicamente en el Mar Caribe en proximidad a las costas venezolanas, afecta negativamente las operaciones de pesca artesanal e industrial, vitales para la seguridad alimentaria y el empleo costero, aparte de la inhibición del transporte marítimo comercial, generando retrasos, aumento de costos logísticos y fricciones críticas para la ya frágil reposición de inventarios de bienes esenciales e insumos productivos de la economía venezolana. A esto se suma a la crítica situación de una economía ya severamente afectada por la aplicación de medidas económicas. Indudablemente estamos en presencia de una amenaza real, pero una cosa es levantar la mano y otra la ejecución.
Las sanciones económicas han creado desde hace años un entorno de alta percepción de riesgo que disuade cualquier flujo de capital o iniciativa de inversión, interna o externa, esencial para sostener el crecimiento económico del país, que sumado ahora al despliegue militar conforma un elemento que se superpone a un escenario de máxima presión, exacerbando la crisis con la pretensión de cerrar cualquier espacio para una estabilización económica espontánea. La mala noticia para María Corina es la buena noticia para Venezuela. La fuerza de la historia ha demostrado en escenarios parecidos que los pueblos se adaptan a los nuevos equilibrios y se superan a sí mismos, eso ha venido ocurriendo en Venezuela por lo que las amenazas se confrontan con un pueblo entrenado.
Otra de las maldades impulsadas internacionalmente por María Corina contra el pueblo venezolano para quebrarlo es producir la brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el dólar paralelo produciendo una devaluación que actúa como un impulsor directo de la inflación, erosionando el salario real de la población. Se genera un clima de incertidumbre para la planificación empresarial, financiera, de inversión y de la reposición de inventarios, estrangulando la producción nacional que sumado al encarecimiento del dólar oficial se complica críticamente la capacidad del sector público y privado para financiar la importación de bienes esenciales, incluyendo alimentos, medicinas e insumos productivos. Lo que no llega a pensar María Corina es que existen muchas soluciones a este tipo de presiones internacionales en un mundo multipolar, ya que existen otras monedas que sustentan corredores financieros mundiales, el Yuan por ejemplo, pudiera ser una moneda sustituta de salvación en Venezuela ante el uso de los dólares como balas envenenadas de armas económicas.
La imposibilidad de adquirir en dólares maquinaria, equipos y tecnología condena a la obsolescencia técnica la capacidad instalada, erosionando permanentemente la base productiva nacional, condena que quedaría sin efecto con la fuerza de la segunda economía del mundo: la China.
Por supuesto, implica una sustitución de bienes de capital e insumos para producir los mismos productos demandados en el país, lo cual mitigaría y al final dejaría sin efecto el encarecimiento abrupto de insumos importados esenciales para la manufactura local, lo cual pretende hacer económicamente inviable el mantenimiento de los volúmenes actuales de producción, forzando el cierre progresivo de líneas de ensamblaje. Este objetivo en su lista de caos de María Corina ha sido una jugada cantada.
En el margen de maniobras de respuestas a las amenazas contra Venezuela, se puede considerar la creación de un instrumento financiero respaldado por las reservas certificadas del petróleo y de la extensa minería que posee el país, lo cual constituye colaterales confiables para inversionistas aliados, que hoy hacen cola por entrar a invertir. Socios energéticos estratégicos como China, India y Rusia tienen necesidad de seguridad energética a largo plazo, lo cual solo se lo garantiza Venezuela.
Recordemos el Período Especial en Tiempos de Paz, etapa de profunda crisis económica en Cuba que comenzó oficialmente en 1990 y se extendió hasta finales de esa década, con efectos que perduran hasta hoy. La caída de la Unión Soviética y el bloque del COMECON, mercado común socialista, representó la pérdida de aproximadamente el 85% de su comercio exterior, su principal fuente de petróleo, alimentos, maquinaria y subsidios. El gobierno cubano, bajo el liderazgo de Fidel Castro, implementó un conjunto de medidas extremas para sobrevivir a lo que se describió como una «guerra económica». La diferencia es que Cuba estaba protegida de una amenaza de guerra de Estados Unidos derivada del acuerdo Kruschev-Kenneddy, que establecía no invadir Cuba, mientras María Corina le facilita a Estados Unidos apoderarse de las riquezas de Venezuela a cambio de montar una “comiquita internacional” de menor calidad que la aplicada a Husein con el cuento de las “armas de destrucción masiva”, en nuestro caso el cuento es que el gobierno de Venezuela es un Cartel del Narcotráfico encabezado por el Capo Nicolas Maduro, más ridículo e increíble no podría ser, sin embargo el viernes pasado el submarino nuclear norteamericano destruyó con un misil intercontinental un peligroso peñero en aguas internacionales, supuestamente cargado de drogas. Eso no tiene perdón de Dios.
Venezuela es un país con un millón de kilómetros cuadrados, con 335 municipios y unos 30 millones de habitantes, mezclados políticamente en cada familia, unos chavistas y otros no chavistas, que se sientan en la mesa con los mismos padres, que habitan en caseríos, pueblos, carreteras, playas y ciudades con crecimiento no controlado, llenos de callejones, patios, cuevas, bosques, montañas, escaleras, cerros urbanizados en barrios y colinas urbanizadas en casas lujosas agrupadas en guetos, lo cual implica una complejidad tal que hace perpetuo el tiempo de control del poder del país por parte de una invasión externa. Como agravante las solidaridades nacionales se van a producir mayoritariamente contra cualquier invasor y serán los venezolanos de hoy que están a favor de la oposición quienes se volcarán contra los invasores al lado del chavismo, terminando masivamente en una misma trinchera de lucha y conformando un entramado de inteligencia de resistencia jamás visto.
Este es uno de los elementos que deben estar tomando en cuenta en los juegos de guerra del Pentágono. Atacar 20 sitios claves quirúrgicamente con misiles no tiene problema y luego que sigue, vendrá una ofensiva de millones de células amadas de venezolanos en los 4 puntos cardinales de Venezuela listos para la pelea cuerpo a cuerpo, esa que no quiere el Congreso de los Estados Unidos, el partido Demócrata y la mayoría de las familias norteamericanas. No van a exponer las vidas de sus hijos para ponerle la sagrada banda tricolor al muñeco de María Corina, a sabiendas que no cuentan con ningún respaldo interno que se atreva a correr un riesgo abierto, como ha ocurrido a lo largo de los últimos 26 años. Trump no es Stalin, ni la cultura de Estados Unidos es la rusa, pero Venezuela es peor que Stalingrado.
El chavismo nunca ha tenido en agenda el camino de la guerra, todo lo contrario, el objetivo es hacer un país en paz, desarrollado como una potencia a la altura de la calidad de sus habitantes y del potencial de sus riquezas. El Socialismo del Siglo XXI se encuentra en proceso de construcción y todas las opciones están sobre la mesa. Lo importante es no olvidar que “de aquellos polvos de los vende patria, salieron sus lodos de hoy”, mientras que en nuestro caso, “de aquel 4 de febrero vinieron estos hombres y mujeres con las mismas convicciones y dispuestos a retomar las mismas herramientas para defender la patria”.
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